Como autoridad comunal quisiera entregarles mis pensamientos en esta fecha tan especial, resaltando el valor de jóvenes chilenos que dieron su vida por nuestro país, a pesar de encontrarse en desigualdad de condiciones, ante la armada peruana.

Quisiera citar el siguiente relato:   “Eran las doce horas y diez minutos de ese 21 de mayo de 1879, cuando la “Esmeralda” halló su tumba en el mar. De los ciento noventa y ocho tripulantes, sólo sobrevivieron cincuenta y ocho. Todos cumplieron con su deber, sin arriar el pabellón, aunque el enemigo fuera inmensamente superior”.

“El comandante Grau intimó rendición a la “Esmeralda”, pero el jefe de la corbeta chilena se negó a arriar su bandera. Era preciso que se diese fin a un drama tan sangriento y que no reconoce ejemplo en la historia del mundo”.

“Lo último que desaparece en las aguas es el pabellón chileno; no se oye el más leve grito, ni clamor alguno de socorro; ni siquiera resuenan vítores… a todos nos tiene anonadados el horror de aquella tremenda escena”. Estas palabras fueron escritas por  reportero peruano que presenciaba la batalla desde tierra y publicadas por el diario El Comercio de Lima.

El concepto que debemos resaltar no debe ser la crueldad de la muerte en guerra, sino el valor y el coraje de 198 tripulantes. Hombres que han sido ejemplo para muchas generaciones, que por un sentimiento tan fiel a la patria son capaces de entregarlo todo por encima de sus propios intereses, por el voluntario hecho de mantener el principio que juraron servir.

Hoy estos hechos se traducen directamente en nuestros jóvenes, quienes muchas veces sienten que su futuro está marcado por el misterio. Sepan ustedes que está en sus propias manos el cambiar sus destinos y los destinos del país. son sus propias acciones las que se impondrán en su futuro. Tengan en sus mentes el valor y coraje de nuestros héroes para tomar su destino en sus propias manos y darse cuenta que el cambio se hace necesario.

Destaquemos a nuestros jóvenes valores, ellos que se esfuerzan por mantener sus buenas notas, por llegar a sus escuelas y liceos, por asistir a clases, por mantener el respeto dentro de sus pares y profesores. Insisto, el futuro de nuestro país está en sus manos.

Prat fue un hombre de familia, sencillo, sin vanidad, esforzado y valiente, esos son los valores que debemos seguir.

No nos quedemos dormidos y sigamos celebrando estas importantes fechas que nos hacen valorar la patria y lo que hemos avanzado, Prat y sus hombres nos señalaron el destino hacia la victoria, hagámonos cargo de esta tremenda herencia.